Mesetario
Mesetario 2

Los Claveles – «Mesetario»

14.00 

Gramaciones Grabofónicas

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«La fotografía que ilustra la portada de «Mesetario» deja a las claras qué encontraremos en el disco una vez lo reproduzcamos, siendo perfectamente coherente con los pasajes que narran las canciones y con el imaginario de Los Claveles. Un crucifijo (la tradición católica como condicionante, no necesariamente para bien), un peine (el narcisismo decadente inherente a la juventud), una navaja (la omnipresencia de la violencia en la sociedad, además de un guiño a Toledo) y cuatro claveles (al grabar el disco, pese a ser 3 los miembros del grupo, se reunieron con Miguel Rojas, cuarto componente de la banda antes de irse a Barcelona). Tenemos, pues, mucha información; nada de una imagen que responda a un capricho estético vacuo. Como en la contraportada, que -creo- homenajea a la película Arrebato (Iván Zulueta) con la fotografía que muestra.

Grabado durante el mes de Diciembre de 2011 bajo los mandos de Sergio Pérez García (Thelemáticos, Joe Crepúsculo, Pegasvs) y poco después de lo que fue su último concierto hasta la fecha (5 de Diciembre en la sala de ensayo Rock Palace), Mesetario es un disco que se llevaba esperando bastante tiempo en determinados círculos de la escena nacional; concretamente, en aquellos que están más atentos a la calidad y autenticidad de las propuestas que a detalles tan carentes de interés como si su sonido es tendencia o no. Estas expectativas no surgieron de la nada, claro, se cimentaban en pruebas tan irrebatibles y constatables como las maquetas en CDR (Discos Walden), sus magníficos conciertos, el Split Single con Kana Kapila y un glorioso EP titulado Nacional 42. Por tanto, como digo, la espera, si bien incómoda, quedaba plenamente justificada.

Inicia el disco Estafas -la canción más larga que han publicado Los Claveles hasta la fecha- con un aire post-punk acompañado de palmas que sirve la estructura perfecta para que Marcos Rojas declame una letra con hechuras de himno que no deja conducta, estamento ni ámbito libre de lo que piensa que realmente son. Es magnífico que retome esa idea –ya iniciada en Las Inquietudes de Blanca María con el certero ¨hasta los abrazos se darán por Internet¨- sobre que, paradójicamente (por aquello de parecer liberados con las nuevas tecnologías), ahora somos menos libres que nunca –¨ahora también una mierda con cables es un bien primario¨-. O, dicho, de otra manera, estamos más controlados. Tampoco duda en hacer suyos dichos populares –¨aquí se han tomado al pie de la letra eso de que con la vergüenza ni se come ni se almuerza¨- para transmitir de forma clara lo que subyace de la coyuntura que venimos atravesando de un tiempo a esta parte, terminando por condenar que se tire de eufemismos para tergiversar la realidad. Enorme. El Hombre De Las Mil Caras (¿guiño a Lon Chaney?) relaja un poco mientras Marcos canta el estribillo con cierto tono a Evaristo de La Polla Records; la letra, francamente, me resulta algo críptica, pero continua con las geniales aperturas marca de la casa –desde Stephen Malkmus en Pavement no se daba algo así, esa capacidad de capturar la atención con un par de frases- y un cierre maravilloso –¨la lucha idiota por la estatua¨- con el que muchos, muchísimos, tendrían que darse por aludidos en este país si la canción se radiase.

La Pena Negra comienza con el protagonismo del bajo de Santos Díaz, que pone todo al servicio de un tema de una inmediatez sorprendente (inmediatez que le hermana con antiguas canciones como Berna u Orfidal), al que se une al poco la guitarra de Marcos. Girando en torno a las consecuencias de una resaca cualquiera o, en estructura circular, el estado de ánimo que hace que uno termine de esta guisa tras beber lo indecible, retuerce de nuevo el saber popular –¨un hombre que se viste por los pies no puede perder los zapatos de esta manera¨- e invoca a la figura del cenizo en su vertiente argentina –¨un Jettatore¨- para explicar una serie de desgracias. Relicario (que ya figurase en el EP Tanatorio) se ha beneficiado de la incorporación de un teclado que le confiere, junto a sus cambios de ritmo, un aire psicodélico que en nada disgustaría a Roky Erickson o a los Red Krayola. Muy bien. La Ruta Destroy, con ese título tan elocuente, no puede dar pie a equívocos: ficciona una historia en los inicios de lo que después los medios dieron en llamar La Ruta Del Bakalao (de quien su mejor cronista a toro pasado fue el grupo Don Julio Y Los Chocolas). Una historia que bebe del (así denominado) Cine Quinqui y enumera varias discotecas y drogas de la época, terminando todo en tragedia para su protagonista, pero no por las sustancias, sino por el contexto social que no le ha dejado ninguna otra salida. Magnífica.

La Vida Es Sueño es un corte instrumental corto, casi anecdótico, que sirve para dar pie a Mesetario, la cual venían tocando habitualmente en los conciertos previos a la grabación del disco. Esto es un HIMNO. Tanto por música, como por estribillo e imágenes que fija en la mente de quien lo escucha. Eso por no hablar de las cosas que condena –universidades y psiquiatras-, ya que coincido de pleno tanto en execrarlas como en la manera de definirlas (para mal) que tiene.Santos El Suave y Cuidado Con Sergifuente, títulos ambos que cuentan con guiños de Los Claveles a sí mismos, me figuro que tratarán sobre las personalidades de a quienes hacen referencia; la primera tiene un deje a rock ochentero nacional , mirando a ciertas influencias ibéricas del grupo –Ciudad Jardín, La Banda Sin Futuro, Gabinete Caligari- mientras que la segunda parece cosa de ciertos grupos de las primeras referencias de Oihuka y Discos Suicidas aplicando los métodos de producción de Martin Hannet (la tensión del inicio, especialmente) a la grabación. Ya después, Unidad De Quemados, corte instrumental con cierto aire a los Buzzcocks en algunos tramos, sirve para mandar un amable saludo a quien fuera miembro del grupo durante bastante tiempo (Jordi Jiménez, ahora en Coraje), ya que fue co-compositor de la canción. Y Acertijo, que cierra con guiño a los Talking Heads y su escisión Tom Tom Club, recurre a la mitología griega (la esfinge de Tebas) para zanjar el disco con un acertijo que dice mucho más de lo que aparenta en primera instancia –si la pregunta, concerniente a 2 hermanos y las sendas opuestas que eligen seguir, considera que estos son gemelos, finalmente no es un acertijo, sino la constatación de la existencia de un férreo determinismo que marcará nuestra vida, independientemente de que tengamos la falsa sensación de contar con voluntad de elección.- Brillante.

Es, pues, Mesetario un disco que no necesita ser perfecto, porque su condición ya está por encima: es necesario. Bebiendo de cosas tan poco habituales actualmente en el panorama nacional como pueden ser el Cine Invisible, los Monochrome Set, la admiración por Alison Statton y la actitud de Beat Happening, junto a no renegar de ciertas cosas de la tradición nacional –como sucede con grupos británicos tipo TV Personalities, The Jam o Comet Gain- que ahí están, han estado y estarán, Los Claveles han facturado uno de los discos del año. Disco que va dedicado a la memoria de Sergio Grulla, batería del grupo hasta su deceso a principios de este año -razón por la que la actividad en directo del grupo, de momento, se mantiene en un hiato indefinido-, y que considero no tardará en construir cierto culto en torno suyo conforme transcurra el tiempo. Lo podéis escuchar en este bandcamp habilitado para ello, y para adquirirlo en vinilo (300 copias se prensaron) habréis de recurrir a la web de Gramaciones Grabofónicas, sello que edita.» – José Sanz, Vanishing Point

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Additional Information

Weight 250 g